lunes, 15 de agosto de 2016

Una marcha para la historia.

Se calculó que asistirían 50 000. Acudieron cerca de 150 000. Mujeres, hombres, transgénero. Iniciaron la marcha por bloques: el de las sobrevivientes, el de diversidad, el de las familias con niños, el de los estudiantes, el barrial o de todos los distritos, el de autoridades e instituciones,el mixto.
Todas las mujeres asistentes tenían algo qué decir. Unas se acercaban a los medios y contaban de las denuncias hechas en los juzgados y de la impunidad existente. Otras hablaban por sus hijas, sus hermanas. Otras más, contaban sus historias tristes de maltrato físico y sicológico. Fue un mar de gente el que partió desde Campo de Marte hasta la sede del Poder Judicial en el Centro de Lima para manifestar su protesta contra todas las formas de violencia hacia la mujer, para expresar su deseo de revertir, de una vez por todas, esta situación de impunidad, de injusticia existente.
Las jóvenes salieron a reclamar por lo difícil que les está resultando ser mujer: no pueden tomar un taxi solas porque corren el peligro de ser asaltadas o violadas, de que  en una fiesta "un amigo" vierta droga en su gaseosa y amanezca en cualquier parte, violentada, sin saber qué pasó. Hartas de tener que escuchar groserías, de esquivar manos que intentan manosearlas, de tener que huir aterradas de los grupos grandes de hombres en la calle: soldados trotando, barras de equipos de fútbol, obreros de construcciones.
 Los políticos, las autoridades también estuvieron presentes porque para ganar esta batalla se necesita de todos: leyes más severas, instituciones que las hagan cumplir, maestros y padres de familia que eduquen a sus hijos en el respeto a los demás, la sana convivencia, en el diálogo fraterno.


 

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