sábado, 11 de septiembre de 2010

Alégrate corazón


La primavera llegó
y ya vuela la mariflor
desde el amanecer.
El arco iris
empieza a salir
por aquí y por allá
convertido en flores
y en maripolores.
Cerca a mí
ya nada es igual
todo cambia
parabién
paramar.
Alégrate corazóngrande
corazónnoble
corazónsuelo
¡El amor ya se acerca!
¡Está aquí!

Geana Távara Salazar
2do. Sec. – Set 2010

Hermosa


Eres mi rosabella
única rosahermosa,
la más dulce de todas.
Eres rosamúsica
de suave aroma
y mi jardín adornas
con tu belleza inigualable
rosatierna
rosaroja
candorosa.

Perla Danae Manrique Cruz
2do de Sec. – Set 2010-

jueves, 4 de diciembre de 2008

Cuento: "La pizarra abrigadita" de Danela Maza



En un salón de clase estaba la pizarra. Era grande, reluciente, muy lisa, de color verde brillante.
Un día un niño alto y gordo se acercó con una almohadilla anaranjada y en un tris borró todas las palabras que la profesora y los niños habían escrito en ella y entonces la pizarra quedó temblando de frío, se sintió desnuda y se dijo:
-¿Por qué este niño borró las palabras que habitaban en mí? Ahora tengo frío, no sé con qué taparme, siento que me estoy resfriando, me voy a enfermar, ¿qué hago? -se preguntaba llorando.
En ese momento pasaba Catalina, una tiza de color verdecito claro, muy bien vestidita. Se dirigía a la banca cerca de la pizarra cuando sintió que caía a su linda falda, una gota grande de agua. Algo molesta dijo:
-¡Qué gota para tan grande! ¡Me ha manchado el vestido!
Se quedó mirando su falda y entonces se dio cuenta:
- Parece una lágrima ¿quién está llorando?
Miró hacia arriba y vio que su amiga, la pizarra, estaba muy triste, Se compadeció de ella, no pensó más en su vestido y preguntó:
-¿Por qué lloras amiga mía? ¿Qué tienes? ¿Te han pegado?
Y la pizarra muy triste, con voz entrecortada, respondió:
- Es que un niño alto y robusto ha borrado las palabras que me abrigaban y ahora tengo mucho frío.
La tiza miró sus lágrimas y su dolor.
- Ahorita vengo, no te muevas de aquí, quédate quietita.
Y se fue corriendo, a ver a sus amigas para que le ayudaran a solucionar este enorme problema. Ahí estaban: las ticitas blancas como enfermeras, la tiza roja, la azul como el mar, las amarillas soleadas, todas, unas enteras y otras partidas pero siempre listas para ayudar.
Catalina les contó lo sucedido y ellas decidieron ayudarla, pero… había un problema. Todas, inclusive las altas no podían alcanzar a la pizarra, porque era demasiado alta.
En eso la almohadilla, que usaba anteojos de vidrios azules dijo entusiasmada:
-¡Ya sé! hay que esperar que venga Ramón, el hijo de don Raúl, el señor de la limpieza, para animarlo a escribir algo en la pizarra.
Una tiza lila que recién había llegado preguntó:
-¿Quién es Ramón?
-Es un niño solitario, él sufrió un accidente y se quedó solo con una pierna, anda en muletas. Viene por las tardes acompañando a su papá. Y le gusta dibujar y a nosotras nos encantan sus dibujos porque además los acompaña de palabras muy lindas.
- La cuestión es que siempre dibuja en papeles.
-¿Cómo haremos para que se anime a dibujar y escribir en la pizarra?
-¡Ah, ya sé!- dijo la siempre lista, tiza roja.
-¿Qué propones?- dijeron varias a la vez.
- Busquemos a los lápices y digámosles que se escondan.
Y así fue. Les contaron la pena de la pizarra y los lápices corrieron a esconderse.
Decidieron colocarse en el piso para que el niño las viera y cogiera.
Y llegó el momento, Ramón ingresó. Vio que todo estaba en silencio, se sentó en una silla y comenzó a cantar. Las tizas sonreían oyéndolo, a ellas también les gustaría cantar. La pizarra sintió que el frío disminuía.
Media hora estuvo cantando y las tizas media hora esperando, hasta que a Catalina, la tiza verde claro, se le ocurrió jugar a las rodaditas y entonces Ramón las vio.
- ¡Qué lindas tizas! ¡Y hay de todos los colores! ¡Dibujaré algo y escribiré frases hermosas!
Dejó a un lado su muleta y apoyándose en la pizarra dibujó una casa, a un señor, su esposa y tres niños y escribió: “Que haya unión en las familias”.
Se ubicó al centro de la pizarra y dibujó a niños abrazándose y escribió: “Yo quiero tener un millón de amigos” y más abajo colocó: “Que siempre exista la amistad”.
Y siguió dibujando: paisajes, niños, hombres y mujeres, maestros, policías y fue escribiendo: “Seamos honestos”, “Nunca te olvides de los pobres”, “¿Por qué nos olvidamos de los minusválidos?”, “Cuidemos la tierra” y “Dios nos ama”
Y así fue escribiendo y dibujando hasta llenar la pizarra que, a medida que el niño pintaba, sentía cosquillas y un calorcito suave que la abrigaba y la iba llenando de contento.
Atardecía, Ramón escuchó a su papá llamándolo, cogió su maleta, miró la pizarra y sonrió satisfecho. Las tizas, lucían más chiquitas pero estaban felices, un brillo salía de sus poros.
-Misión cumplida- dijeron. Ahora sí dormiremos tranquilas.
Al día siguiente los niños de tercer grado se preguntaban: ¿quién hizo este dibujo? ¿quién escribió estas palabras? Y cuando la profesora llegó dijo:
-¡Qué bellas pinturas! ¿Qué les parece si hoy comenzamos la clase leyendo imágenes? Y todos estuvieron de acuerdo. Y dialogaron mucho y acordaron que cada día amanezca la pizarra con un nuevo dibujo.

Danela Maza Sandoval
6to grado.

lunes, 27 de octubre de 2008

Dulce mandarina


¡Qué miedo cada vez que cambiaba de colegio! ¿Y si las niñas no me quieren? ¿Y si me rechazan ¿ Me pondrán apodos?¿Y si me gritan como en el otro colegio: “allá va la coja” ¿ Y si nadie se sienta a mi lado? Qué problema este de ser cojita. ¿Por qué cojeas? ¿Así has nacido? Y yo... teniendo que responder. Ya estoy cansada de dar explicaciones. Y me da rabia sentir miedo. A mi papá siempre lo cambian de lugar. Es militar, teniente del cuartel, trabaja en el ejército. A veces ya he logrado hacer amigas y de repente nos vamos a Tumbes, o vamos a tal o cual lugar.
Ahora un nuevo colegio. El aula está hecha un alboroto. Yo entré y todas se quedaron mudas, miraban mi pierna. Las carpetas estaban ocupadas, menos mal que hay una libre en el rincón. Fui hacia allá. Recién me sentaba cuando sentí que caía una bola de papel sobre mi cabeza y una risita. Seguro que estaba colorada porque la cara me ardía.
Felizmente llegó la maestra y todas hicieron silencio. Se llama Roxana y por lo que oí decir a las niñas de mi costado, es muy estricta. Antes de empezar la clase dijo que debíamos estar muy atentas. Se dio cuenta de las bolas de papel en el suelo, llamó a unas niñas de atrás y las hizo recoger, luego dio un sermón como de diez minutos.
Tocó la campana de recreo, yo demoré en salir, otra vez el miedo. ¿Y si decían que por mi culpa las habían reñido? Bueno, no me podía quedar en el salón. Agarré mi lonchera y salí. La profesora avanzó detrás de mí. Me dijo: “Ahí en esa banca puedes sentarte a comer tu fruta”. Se sentó a mi lado, sacó una mandarina de su bolso, me invitó unas tajadas. No es bonita pero tiene una gran sonrisa. “Yo tengo una hija que tuvo un accidente, también cojea un poquito, como tú”. Yo le pregunté cómo se llamaba. Rita, me dijo, ya tiene trece años. Quería preguntarle más cosas pero alguien la llamó. Ella se levantó y me dijo: ¿Quieres ser mi amiguita? Yo le dije que sí. Me dio un gran abrazo como de mamá y se fue. Saqué mi mandarina de la lonchera y qué dulce, qué dulce estaba mi mandarina.
Después de recreo teníamos mate. Entró un profesor, serio pero amistoso. A mí me gustan las matemáticas desde chiquita. Me concentré y cuando el profesor dejó la batería de ejercicios, yo avancé y avancé, terminé rápido. Mi compañera me observaba y yo veía que ella no avanzaba. ¿Quieres que te explique? le dije, bajito. Sí, dijo ella. Se llama Tania y es pequeña y gordita. “Sabes bastante, eres inteligente”.
El profesor empezó a llamar a la pizarra, salieron varias niñas. Cuando llegó el quinto ejercicio nadie levantó la mano. Yo no sabía si salir o no cuando Tania dijo: “ella, profesor, la niña nueva ya lo hizo”. No sé cómo avancé a la pizarra, todas me miraban. Lo fui haciendo, algo temblorosa, pero terminé. Bien, dijo el profesor, muy bien, niña. Es correcta la respuesta.
No sé tampoco cómo serán los demás días pero no importa, ahora el miedo se ha ido y yo estoy contenta con mi amiga Tania, mi maestra Roxana y mi profe de Matemáticas.

Cinthia Laura Eulogio
4º de Sec.

jueves, 23 de octubre de 2008

¡Felicitaciones!

Desde este blog felicitamos a dos de nuestras compañeras del "Taller de expresión oral y escrita para el liderazgo" que se han hecho merecedoras del primer y segundo puesto en el V Concurso "Rescatando valores sobre la vida y obra de don Miguel Grau Seminario" convocado por el ICPNA- Región Grau. A continuación los poemas de su creación y que les hicieron merecedoras de sendas becas de estudio en esta prestigiosa institución.
Noble caballero, Miguel Grau

Estoy mirando
otra vez tu imagen
noble caballero,
don Miguel Grau.


Piurano navegante,
¡Como tú,

no hay otro igual!
En difíciles momentos
salvaste la dignidad
de la patria que dolida
reclamaba unidad.

¡Caballero de los mares,

mensajero de la paz!
Al enemigo trataste
con honor y humanidad.

Cuando en el Huáscar

volaste
directo a la eternidad,

a los peruanos dejaste
mil lecciones que imitar.


En la guerra
y en la paz
Miguel Grau, siempre serás:
luz,
ejemplo y dignidad.

Katherine Gutiérrez

6º grado
Ganadora del primer puesto.


Marino heroico

Está aquí
con nosotros,
en nuestro corazón bicolor,
la imagen del guerrero
llamado Miguel Grau.

Peruano excepcional,
marino heroico,
político honesto,
fuiste grande como ninguno.

Agigantado en el Huáscar
peleaste por nuestra patria
y como un tigre herido
salvaste al país
de la vergüenza y el dolor.

Hoy
te rindo este homenaje,
Almirante Miguel Grau,
déjame contagiar
tu sabiduría ejemplar
para así, poder lograr
una patria sin igual.


Danitza Oviedo
6º grado
Ganadora del segundo puesto
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